martes, 20 de marzo de 2018

Domingo de Ramos.






Leyendo el Evangelio del juicio de Nuestro Señor,  me surgió una pregunta:

¿Quiénes eran esos señores que decidieron la muerte de Nuestro Señor?

Romanos a los que sólo le interesaba seguir en el poder y con sus dioses adueñándose de vida y costumbres judías. Llevaban 50 años dominando Palestina.

Sacerdotes y políticos a los que les interesaba mantener su puesto sin importar quién caía en la lucha.

Judios, los mismos que días antes habían aclamado a Jesús al entrar en Jerusalén,  aleccionados por el poder, lo hundían y pedían su crucifixión.

Curiosos a los que sólo le importaba el espectáculo y nada les interesaba, sólo divertirse con lo que sucedía.

Pilato no le halló culpable a Jesús, sin embargo lo condenó. Se lavó simbólicamente las manos  para expresar su inocencia ante la muerte de Jesús.
Era un perfecto funcionario, un burócrata que hacía lo que le pedían, él cumplía la ley. Lo que quedaba en el camino no era su problema.

¿Algo que ver con ciertas costumbres de los burócratas y políticos de hoy día?







5 comentarios:

  1. Cualquier parecido con la realidad actual no es coincidencia.Si hoy viniera Jesúa ocurriría lo mismo de eso estoy segura.Besicos

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  2. Una buena reflexión de la que se actualiza bien en el contexto actual, un abrazo.

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  3. seguimos crucificando al Señor...por tantos motivos...y El sigue en su misericordia
    algún día aprenderemos bien?

    tal vez...creamos , la esperanza en Cristo e slo que nos mantiene vivos de verdad.

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  4. La historia se repite;los poderosos quieren mantener su poder y para conseguirlo"matan"a todo aquel que se interponga.
    La Resurrección Victoriosa de Jesús grita con fuerza que el mal nunca tiene la última palabra.Con su muerte y Resurrección nos salva del pecado y de la muerte.
    Gracias por tu reflexión
    Un abrazo

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  5. de todas formas, se acerca del día del Señor, en el que Él recapitulará todas las cosas en sí mismo. Esperémoslo con alegría y confianza.
    Un abrazo, linda

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Del Rosario.

Regalo de la Virgen de Fátima a los fieles.